Blackstars en Sevilla: el gran tributo a David Bowie llega a la Sala Custom

Blackstars, banda tributo a David Bowie, en concierto en la Sala Custom de Sevilla

Blackstars trae a Sevilla el mayor tributo a David Bowie que se hace en España: ocho músicos en escena, técnicos propios de sonido e iluminación y un repertorio que recorre cincuenta años de canciones. Es el sábado 19 de septiembre en la Sala Custom, y es una de esas noches en las que conviene saber a qué se va. Porque un tributo a Bowie no es un tributo a un grupo: es un tributo a media docena de personajes distintos que compartieron el mismo cuerpo.

Quiénes son Blackstars

Blackstars nació en A Coruña en 2020, el año más raro posible para montar una banda de directo, y con un nombre que lo dice todo: Blackstar fue el último disco que publicó David Bowie, dos días antes de morir. Ponerse ese nombre no es un guiño simpático; es declarar de entrada que el proyecto va en serio y que arranca por el final.

La banda se define como «la mayor producción homenaje» al artista británico que se puede ver hoy en España, y el argumento no es publicitario: son ocho músicos sobre el escenario, más un equipo técnico propio de sonido e iluminación que viaja con ellos. Esa cifra importa. Un tributo de cuatro personas puede sacar adelante los himnos de guitarra, pero se queda sin nada en cuanto aparecen los coros de Young Americans, el saxo de Modern Love o las capas de teclado de la etapa berlinesa. Con ocho, el repertorio se abre entero.

La formación que sube al escenario es esta:

  • Javier Martí — voz
  • Peter Stone — guitarra
  • Manuel Andón — guitarra
  • Patricia Insua — bajo
  • Sly — teclados
  • Lex Tosca — batería
  • Manuel Rodríguez — saxo y percusión
  • Joana de Sousa — coros

El cantante, Javier Martí, ha contado cómo empezó todo de una forma bastante poco épica: conocía a unos músicos que habían hecho un concierto homenaje a Bowie, les mandó una prueba que había grabado en su casa y aquello encajó. De ahí a una gira nacional. Sobre la manera de encarar el proyecto lo ha dicho con claridad: «si se quiere hacer un tributo hay que hacerlo con todo lo que él se merece, es una muestra de cariño».

Esa frase explica bastante bien la puesta en escena. Blackstars no se limita a tocar las canciones: monta un espectáculo audiovisual con proyecciones, escenografía y un trabajo de luces pensado para acompañar los cambios de época del repertorio. La idea, dicen, es «ofrecer la experiencia de sentir el sonido de Bowie en directo», y por eso insisten tanto en la elegancia de la puesta en escena: el Duque Blanco no se homenajea con una camiseta y dos focos.

Tras pasar por varias capitales, la banda ha arrancado 2026 con una gira larga que los lleva, entre otras ciudades, a Oporto, Valladolid, Barcelona, Gijón, A Coruña, Bilbao, León, Santander, Valencia, Madrid y Sevilla. La parada sevillana es una de las pocas andaluzas del recorrido.

El concierto en Sevilla: todo lo que necesitas saber

Fecha: sábado 19 de septiembre de 2026.
Hora: 22:00.
Lugar: Sala Custom, calle Metalurgia 25, polígono Calonge (Carretera Amarilla), Sevilla.
Precio: desde 25 €.

→ Consulta la ficha del concierto y consigue tus entradas oficiales

Por qué la Sala Custom es buen sitio para esto

La Sala Custom está en un polígono industrial, y eso, que suena a inconveniente, es justo lo que la hace interesante para un concierto como este. Al no tener vecinos pegados, se puede tocar a todo volumen y sin las restricciones de horario que sufren las salas del centro. Para un repertorio que va de la balada acústica al glam más ruidoso, tener margen de volumen no es un capricho.

Su equipo de sonido y su producción tienen buena reputación en el circuito sevillano, y la sala programa habitualmente rock, indie, metal, hip hop y tributos, así que el público de la casa está acostumbrado a este tipo de noches. La otra ventaja práctica: al estar en el polígono, por la tarde-noche suele haber aparcamiento libre en las calles de alrededor, algo impensable en el centro un sábado.

Se llega en unos minutos en coche o taxi desde el centro, y hay líneas de autobús urbano que paran en el entorno de la Carretera Amarilla. Si vuelves de madrugada, cuenta con el taxi o con coche: el transporte público a esas horas por esa zona es escaso.

Escúchalo antes de ir

Si vas a ir al concierto o simplemente quieres refrescar el repertorio, hay dos deberes fáciles. El primero, ver a la banda en directo:

Vídeo de Blackstars, tributo a David Bowie▶ Ver a Blackstars en YouTube

El segundo, repasar el original. La discografía completa de Bowie está en su perfil oficial de Spotify, que es, además, uno de los catálogos más divertidos de recorrer por orden cronológico que existen en el pop: no hay dos discos seguidos que se parezcan.

Y si prefieres seguir a la banda, están en Instagram y Facebook como blackstars.tribute.official, donde van publicando el calendario de la gira.

Quién fue David Bowie, en once vidas

Aquí está el motivo por el que un tributo a Bowie es distinto de cualquier otro. Cuando una banda homenajea a los Rolling Stones o a AC/DC, homenajea a un sonido reconocible que se mantuvo cuarenta años. Cuando homenajea a Bowie, tiene que recorrer once o doce artistas distintos, cada uno con su estética, su banda, su voz y hasta su acento. Merece la pena tener el mapa en la cabeza antes de entrar en la sala.

1. David Jones, el chico de Brixton que se cambió el apellido

Nació como David Robert Jones en Brixton, al sur de Londres, en enero de 1947, y creció en Bromley. Pasó los años sesenta encadenando bandas que no llegaron a ninguna parte —los Konrads, los King Bees, los Manish Boys, los Lower Third— y grabando singles que nadie compró. Aprendió saxofón desde adolescente, y ese detalle aparentemente menor acabaría marcando su música durante toda la vida: el saxo es uno de los pocos hilos que atraviesan discos por lo demás irreconciliables.

El cambio de apellido fue puro pragmatismo. En 1966 había otro Davy Jones haciendo carrera: el de los Monkees, que estaban a punto de ser enormes. Para no competir por el nombre, David eligió Bowie por el cuchillo Bowie, el de Jim Bowie y El Álamo. Le gustaba porque cortaba en las dos direcciones: una imagen bastante afortunada para lo que vendría después.

2. El astronauta: Space Oddity y la Luna

Su primer éxito real llegó en 1969 con Space Oddity, la canción del Mayor Tom, el astronauta que se queda flotando y decide no volver. El título juega con 2001: Una odisea del espacio, la película de Kubrick que Bowie había visto —según contó— en un estado bastante alterado, y que le dejó la sensación de soledad cósmica que la canción convierte en tres minutos de pop.

La anécdota que todo el mundo repite es cierta: la BBC utilizó la canción en su cobertura del alunizaje del Apolo 11, en julio de 1969. Lo curioso es que nadie en la cadena parecía haber prestado atención a la letra, que cuenta exactamente lo contrario de una misión exitosa. Bowie lo comentaría después divertido: era una canción sobre un desastre, sonando como banda sonora de un triunfo.

Décadas más tarde, en 2013, el astronauta canadiense Chris Hadfield grabó su versión de la canción a bordo de la Estación Espacial Internacional, flotando y con una guitarra. Bowie la describió como posiblemente la versión más conmovedora que se había hecho de un tema suyo. El círculo se cerraba: la canción que la BBC había puesto sin leerla acabó cantada de verdad en el espacio.

3. Ziggy Stardust: el marciano que vino a salvar el rock

En 1972 Bowie hizo algo que en el rock no se había hecho de esa manera: inventarse un personaje y meterse dentro las veinticuatro horas del día. Ziggy Stardust era una estrella del rock extraterrestre, andrógina, pelirroja, con mono de colores y botas imposibles, que venía a la Tierra en sus últimos cinco años de vida a traer un mensaje de esperanza y acababa devorada por su propia fama.

El disco, The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, funcionó como un tiro, pero lo que cambió las cosas de verdad fue la televisión. En julio de 1972, tocando Starman en el programa Top of the Pops, Bowie pasó el brazo por encima del hombro de su guitarrista Mick Ronson y señaló a la cámara. Para una generación entera de adolescentes británicos viendo la tele en el salón de sus padres, ese gesto fue una puerta que se abría. Muchos músicos que luego serían importantes —de Ian McCulloch a Gary Kemp— han contado que su vida se dividió en antes y después de aquella actuación.

El final de Ziggy fue tan teatral como el principio. El 3 de julio de 1973, en el Hammersmith Odeon de Londres, y sin avisar a casi nadie de su banda, Bowie anunció desde el escenario que aquel era el último concierto que darían nunca. El público lo entendió como una retirada definitiva de la música; en realidad estaba matando al personaje, no a sí mismo. Fue, probablemente, el primer artista de rock en entender que un alter ego se puede jubilar.

4. Aladdin Sane y Diamond Dogs: el glam se oscurece

Entre medias llegó Aladdin Sane (1973), cuya portada —el rayo rojo y azul cruzándole la cara— es probablemente la imagen más reproducida de la historia del pop británico. El propio título es un juego de palabras que suena a «a lad insane», un chaval demente, y el disco está lleno de piano nervioso y de un desasosiego que el glam de la época no solía permitirse.

Después vino Diamond Dogs (1974), que nació como un proyecto para llevar al escenario 1984 de George Orwell. La viuda del escritor no dio los derechos, así que Bowie reconvirtió el material en una distopía propia, con perros salvajes y una ciudad en ruinas. La gira que lo acompañó fue un montaje teatral descomunal, con pasarelas y decorados móviles, y tan cara que resultaba difícil de sostener.

5. El plastic soul: Filadelfia, John Lennon y el primer número uno

En 1975 hizo lo que nadie esperaba: se fue a Filadelfia a grabar un disco de soul. Young Americans abandonaba el glam de un plumazo y abrazaba el groove, los coros y los vientos de la música negra norteamericana. Él mismo lo describió con una expresión mucho más honesta que cualquier reseña: «plastic soul», soul de plástico, «el residuo de un blanco de Londres cantando soul».

En esas sesiones apareció John Lennon. De aquel encuentro salió Fame, un tema construido casi por accidente sobre un riff del guitarrista Carlos Alomar, y que se convirtió en el primer número uno de Bowie en Estados Unidos. En el mismo disco hay una versión de Across the Universe con el propio Lennon presente. Bowie llevaba seis años haciendo discos brillantes que no vendían en América; le bastó cambiar de género para conquistarla.

6. El Duque Blanco: el personaje que casi se lo lleva por delante

1976 es el año más oscuro de su biografía. Station to Station es un disco magnífico —arranca con diez minutos que empiezan con un tren y terminan en euforia— y de él salieron canciones tan queridas como Golden Years y Wild Is the Wind. Pero Bowie vivía entonces en Los Ángeles, consumido por la cocaína, alimentándose casi solo de leche y pimientos rojos, sin dormir, obsesionado con el ocultismo.

El personaje de esa etapa, el Delgado Duque Blanco (Thin White Duke), era un aristócrata gélido, elegantísimo, de camisa blanca y chaleco negro, que cantaba canciones de amor sin sentir nada. Años después Bowie admitiría que aquel personaje era «un tipo desagradable» y que apenas recuerda haber grabado el disco. De esa época vienen también unas cuantas declaraciones desafortunadas sobre política de las que se arrepintió el resto de su vida y que atribuyó al estado en el que estaba.

Lo importante es lo que hizo a continuación: entendió que si se quedaba allí se moría, y se marchó.

7. Berlín: el triple salto mortal

Se mudó a Berlín Occidental, se instaló en un piso corriente de Schöneberg —compartido durante un tiempo con Iggy Pop, que también estaba huyendo de sí mismo— y montó, junto a Brian Eno y el productor Tony Visconti, la que se conoce como la trilogía berlinesa: Low (1977), «Heroes» (1977) y Lodger (1979).

Es la decisión artística más valiente de su carrera. Venía de ser una estrella global y entregó a su discográfica un disco cuya segunda cara son casi todo instrumentales ambientales, sin estribillos y sin voz. La discográfica se llevó las manos a la cabeza. El tiempo le dio la razón de una forma casi absurda: aquellas piezas influyeron en el post-punk, en la new wave, en la electrónica, en el synth-pop de los ochenta y en buena parte de lo que se hace ahora.

De ahí sale también su canción más querida. «Heroes» —con las comillas incluidas en el título, porque Bowie quería dejar clara la ironía— se grabó en los estudios Hansa, que estaban a escasos metros del Muro de Berlín. Visconti ha contado el origen de la letra: desde la ventana de la sala de control se veía a una pareja besándose junto al Muro, bajo la torre de vigilancia. Aquella pareja eran, en realidad, el propio Visconti y la corista Antonia Maass. Bowie lo vio, no dijo nada, y escribió la canción.

La historia tiene un epílogo difícil de superar. En junio de 1987 Bowie tocó en Berlín Occidental, con el escenario pegado al Muro y los altavoces orientados hacia el Este. Al otro lado se congregaron miles de jóvenes de Berlín Oriental para escuchar un concierto que no podían ver; hubo cargas policiales. Bowie, que hablaba alemán, saludó a los que estaban al otro lado antes de tocar «Heroes», y contó después que fue la actuación más emotiva de su vida, que se le rompió la voz y que lloró. Dos años más tarde el Muro cayó. Cuando Bowie murió, en 2016, el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán publicó un mensaje público dándole las gracias por ayudar a derribarlo.

8. Let’s Dance: el disco que lo hizo millonario y casi lo aburre

Después de Scary Monsters (1980), que cerraba el ciclo experimental con un último gran disco y con el reencuentro con el Mayor Tom en Ashes to Ashes, Bowie fichó a Nile Rodgers, de Chic, y grabó Let’s Dance (1983).

Fue su mayor éxito comercial con diferencia: tres singles enormes —Let’s Dance, China Girl y Modern Love—, estadios llenos en la gira Serious Moonlight y un público nuevo y masivo que no había oído hablar de Ziggy. En las sesiones tocó la guitarra un joven texano al que casi nadie conocía todavía: Stevie Ray Vaughan, cuyos solos son media personalidad del disco.

La ironía es que ese éxito lo dejó desorientado. Bowie diría después que en aquellos años había ganado un público enorme al que no sabía qué ofrecerle, y llamó a la segunda mitad de los ochenta su «fase Phil Collins», con poco cariño hacia sí mismo. Su solución fue tan radical como siempre: montó Tin Machine, una banda de rock ruidoso donde él era solo el cantante y las decisiones se tomaban entre cuatro. Los fans de Let’s Dance no lo entendieron en absoluto. A él le sirvió para reiniciarse.

9. Los noventa: drum and bass, arte y matrimonio

La década siguiente lo devolvió a la curiosidad. Black Tie White Noise (1993) reunía de nuevo a Nile Rodgers y celebraba su boda con la modelo somalí Iman, con la que estaría casado hasta el final. Outside (1995) recuperó a Brian Eno para un disco conceptual, denso y extraño sobre el arte y el crimen. Y Earthling (1997) se metió de cabeza en el drum and bass, cuando Bowie tenía cincuenta años y podría haberse dedicado tranquilamente a girar con sus éxitos.

De esa época es otra idea suya que hoy suena profética: en 1997 emitió los llamados «Bowie Bonds», un producto financiero respaldado por los derechos de sus discos antiguos que le adelantó 55 millones de dólares. Y en 1999, en una entrevista de la BBC que se ha vuelto famosa, describió internet como una fuerza «alienígena» que iba a cambiar por completo la relación entre el artista y el público, ante un entrevistador que lo tomaba por una simple herramienta más. Tenía razón él.

10. El silencio: diez años sin decir nada

En junio de 2004, durante la gira de Reality, Bowie sufrió un problema coronario grave en el festival Hurricane, en Alemania, y tuvo que ser operado de urgencia. Canceló el resto de la gira. Y entonces, sencillamente, desapareció.

Durante casi una década no publicó discos, no dio conciertos y apenas se dejó ver. Aparecía de tarde en tarde en un tema de otro artista o en una gala, y poco más. La prensa daba por hecho que se había retirado y publicaba periódicamente rumores sobre su salud. Nadie sabía que estaba trabajando.

11. El regreso y la despedida: The Next Day y Blackstar

El 8 de enero de 2013, el día que cumplía 66 años, apareció sin previo aviso un vídeo nuevo en su web y un disco anunciado para dos meses después. The Next Day se había grabado en Nueva York en el más absoluto secreto: los músicos habían firmado acuerdos de confidencialidad y ni siquiera sus familias sabían en qué andaban. En una industria donde todo se filtra, aquello fue un golpe de efecto perfecto.

Tres años después repitió la jugada, pero con un final distinto. El 8 de enero de 2016, en su 69 cumpleaños, publicó Blackstar: siete canciones, jazz oscuro, saxofones inquietos, una portada negra con una estrella. La crítica lo recibió como otro giro sorprendente de un hombre que no paraba de girar.

Dos días después, el 10 de enero, se anunció que había muerto de cáncer de hígado. Solo un puñado de personas sabía que llevaba dieciocho meses enfermo. De golpe, el disco se leía de otra manera: el vídeo de Lazarus, con Bowie en una cama de hospital y los ojos vendados; el título del último tema, I Can’t Give Everything Away; la propia portada. Tony Visconti lo resumió en una frase que se ha repetido miles de veces: fue «un regalo de despedida», una obra de arte convertida en su propia forma de morir.

Días antes de morir había estrenado en Nueva York Lazarus, un musical off-Broadway continuación de El hombre que cayó a la Tierra. Fue su última aparición pública. Salió a saludar, sonrió, y se fue.

Doce anécdotas de Bowie que se cuentan poco

Además de la obra, Bowie dejó un anecdotario que da para una noche entera de conversación. Estas son algunas de las mejores.

Los ojos no eran de dos colores

Es probablemente el mito más extendido sobre él, y es falso a medias. Bowie tenía los dos ojos azules; lo que ocurría es que la pupila izquierda estaba permanentemente dilatada y no reaccionaba a la luz, lo que hacía que ese ojo pareciera mucho más oscuro. La causa fue un puñetazo que le dio a los quince años su amigo George Underwood en una pelea por una chica. Underwood le arañó el globo ocular con una uña y estuvo a punto de dejarlo tuerto. La parte bonita de la historia: siguieron siendo amigos toda la vida, y Underwood, que se dedicó a la ilustración, acabó diseñando portadas de sus discos. Bowie llegó a decir que aquel golpe le había hecho un favor, porque le dio una mirada que nadie más tenía.

Aprendió a moverse en el escenario de un mimo

A finales de los sesenta, cuando su carrera musical no arrancaba, Bowie estudió con Lindsay Kemp, bailarín y mimo, y llegó a actuar en su compañía. De ahí viene todo: la forma de usar las manos, la conciencia del cuerpo, la idea de que un concierto es teatro y que un cantante es un personaje. Sin Kemp no hay Ziggy. Es raro encontrar a otra estrella del rock cuya influencia decisiva sea un profesor de mimo.

Rescató a Lou Reed y a Iggy Pop cuando nadie los quería

En 1972, con la Velvet Underground disuelta y Lou Reed hundido, Bowie coprodujo Transformer, el disco que le dio a Reed su único gran éxito comercial. Ese mismo año mezcló Raw Power de los Stooges. Y en 1977, ya en Berlín, produjo y tocó en The Idiot y Lust for Life, los dos primeros discos en solitario de Iggy Pop, además de acompañarlo de gira tocando el teclado, en segundo plano y sin protagonismo. Años después, cuando China Girl —firmada por los dos— se convirtió en un éxito masivo con Let’s Dance, los derechos de autor le arreglaron la vida a Iggy. Bowie lo sabía perfectamente.

Le preguntó a MTV por qué no ponía a artistas negros

En 1983, en pleno apogeo de Let’s Dance, Bowie dio una entrevista a MTV y, en mitad de la charla, le dio la vuelta a la situación y empezó a preguntar él. Quería saber por qué la cadena apenas emitía vídeos de artistas negros, y no aceptó ninguna de las evasivas del entrevistador. La conversación, que se puede ver entera hoy, es incomodísima y sigue siendo citada como uno de los momentos en que alguien con poder lo usó para señalar algo que no le beneficiaba en nada.

El dúo con Queen salió de una tarde de improvisación

Under Pressure (1981) no estaba planeada. Bowie pasó por los estudios de Montreux donde grababa Queen, se pusieron a improvisar y de ahí salió el tema, con la famosa línea de bajo de John Deacon. Lo grabaron casi de una sentada, cantando Bowie y Freddie Mercury por turnos y sin ponerse de acuerdo en casi nada. Nunca la tocaron juntos en directo. Es, para muchos, el mejor tema de las dos discografías.

Interpretó a un rey de los duendes y a Nikola Tesla

Su carrera como actor da para otro artículo. Fue el extraterrestre de El hombre que cayó a la Tierra (1976), el rey de los duendes Jareth en Dentro del laberinto (1986) —papel por el que lo conocen generaciones enteras que no saben quién es Ziggy Stardust—, Poncio Pilato en La última tentación de Cristo y Nikola Tesla en El truco final de Christopher Nolan, donde su aparición dura poco y se come la película.

El villancico con Bing Crosby

En 1977, el mismo año de «Heroes», Bowie grabó un dúo navideño con Bing Crosby para un especial de televisión. Crosby tenía setenta y tres años y murió poco después; Bowie era la estrella más extravagante del planeta. Al parecer no le hacía ninguna gracia la canción que le proponían, así que escribieron sobre la marcha una contramelodía para que él cantara otra cosa por encima. El resultado se emitió un mes después de la muerte de Crosby, se convirtió en un clásico navideño perpetuo y sigue siendo el encuentro más improbable de la historia de la música popular.

Live Aid y el vídeo que cedió su sitio

En el Live Aid de 1985, Bowie tenía asignados unos minutos de actuación en Wembley. Decidió recortar su propio repertorio para que se pudiera emitir un vídeo de la hambruna en Etiopía, con imágenes de la CBC y una canción de los Cars de fondo. La emisión de aquel vídeo disparó las donaciones esa noche. Renunciar a una canción en el concierto más visto de la historia para ceder el tiempo a unas imágenes ajenas dice bastante de él.

Tenía una constelación y tiene un asteroide

Tras su muerte, un observatorio belga registró una constelación con forma de rayo —el de Aladdin Sane— formada por siete estrellas en las cercanías de Marte. No es una constelación oficial reconocida por la Unión Astronómica Internacional, pero la iniciativa dio la vuelta al mundo. Lo que sí es oficial es el asteroide 342843 Davidbowie, bautizado en su honor en 2015, y varias arañas y otros animales descritos con nombres tomados de sus canciones.

Rechazó dos honores del Reino Unido

En 2000 rehusó ser nombrado Comendador del Imperio Británico y en 2003 rechazó el título de Sir. Cuando le preguntaron por qué, respondió sin rodeos que no sabía para qué servía aquello y que no era el motivo por el que se dedicaba a lo que se dedicaba. Muy pocos músicos británicos de su tamaño han dicho que no dos veces.

Se leyó una biblioteca entera

En 2013, con motivo de la exposición David Bowie Is —que recorrió medio mundo y batió récords de público en el Victoria & Albert de Londres—, se publicó su lista de los cien libros favoritos. En ella conviven Orwell, Nabokov, Homero, cómics, ensayos sobre música negra, novela negra británica y libros de sociología urbana. En sus giras viajaba con baúles llenos de libros. Buena parte de sus discos se entiende mejor sabiendo lo que estaba leyendo mientras los hacía.

Su última portada estaba llena de mensajes

La cubierta de Blackstar, obra del diseñador Jonathan Barnbrook, es un cuadrado negro con una estrella grande y cinco fragmentos de estrella debajo, que forman la palabra BOWIE si se saben mirar. La edición en vinilo reacciona a la luz del sol: al exponerla, aparece un campo de estrellas dentro del recorte. Barnbrook contó que la idea era que el disco «siguiera revelándose» después de que él ya no estuviera. Cumplió.

Qué se puede esperar del repertorio

Blackstars no ha publicado un setlist cerrado, y hace bien: parte de la gracia es que cambie. Pero por lo que la banda ha ido contando y por lo que se ve en sus directos, el recorrido pasa por las estaciones grandes. Javier Martí ha citado expresamente Starman, Let’s Dance y Space Oddity, y ha prometido sorpresas.

Traducido a etapas, un concierto de tributo bien hecho tiene que atravesar por lo menos estos territorios:

  • El folk espacial de 1969-1971: Space Oddity, Life on Mars?, Changes. Acústicas, piano y melodía. Es el material que mejor se lleva con un público que no es fan del todo.
  • El glam de 1972-1974: Starman, Ziggy Stardust, Suffragette City, Rebel Rebel, The Jean Genie. Guitarras y riffs. Aquí es donde la sala se convierte en una sala de rock.
  • El soul de 1975-1976: Young Americans, Fame, Golden Years. Es donde se nota tener saxo y coros de verdad sobre el escenario y no un teclado imitándolos.
  • Berlín: «Heroes», Sound and Vision. La primera es, casi siempre, el momento en el que se le pone la piel de gallina a la sala entera.
  • Los ochenta: Ashes to Ashes, Let’s Dance, Modern Love, China Girl, Under Pressure. El tramo bailable, y el que engancha a quien vino sin saber muy bien a qué venía.
  • El final: Blackstar, Lazarus. No todos los tributos se atreven; una banda que se llama Blackstars, sí.

Sobre el efecto que produce, el propio Martí lo resume mejor que ninguna reseña: «todo el mundo se sorprende con lo que puede llegar a bailar o a sentir». Es una descripción bastante exacta de lo que hace este repertorio: la gente entra pensando que va a un ejercicio de nostalgia y se encuentra con canciones que siguen sonando modernas cuarenta años después.

Consejos prácticos para esa noche

  • Compra con antelación. Es un aforo de sala, no un recinto grande, y el precio arranca en 25 €. Los tributos de este tamaño suelen llenar en las últimas semanas.
  • La hora es la hora de la sala, no la del concierto. Con apertura a las 22:00, calcula que la banda salga algo después. Si quieres estar delante, llega pronto.
  • El coche funciona bien aquí. En el polígono Calonge se aparca de noche sin problema, lo cual es una rareza en Sevilla un sábado.
  • Ojo con la vuelta. El autobús urbano por esa zona a las tantas es poco fiable: ten decidido de antemano cómo vuelves.
  • Es una noche cargada en la ciudad. Ese mismo sábado 19 se cierra el Cabaret Festival en Mairena y hay programación de Bienal. Si te mueves entre citas, mira los horarios antes.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo tocan Blackstars en Sevilla?
El sábado 19 de septiembre de 2026, a las 22:00, en la Sala Custom.

¿Cuánto cuestan las entradas?
Desde 25 €. Las tienes en la ficha del concierto, con venta oficial y sin reventa.

¿Dónde está la Sala Custom?
En la calle Metalurgia 25, polígono Calonge (Carretera Amarilla), a pocos minutos en coche del centro de Sevilla.

¿Es un concierto para fans de toda la vida o para cualquiera?
Para los dos. El repertorio de Bowie es lo bastante popular como para que cualquiera reconozca media docena de canciones, y lo bastante profundo como para que el fan encuentre rarezas.

¿Cuántos músicos son?
Ocho en escena, más equipo técnico propio de sonido e iluminación.

Por qué merece la pena

Hay una razón sencilla por la que los tributos a David Bowie funcionan mejor que la mayoría: él ya no va a volver, y en vida tampoco fue fácil verlo. Su última gira terminó en 2004 y sus últimos diez años los pasó sin pisar un escenario. Para casi todo el que hoy tiene menos de cincuenta años, la única forma de escuchar estas canciones con una banda delante y el volumen alto es exactamente esta.

Y luego está el material. Pocos catálogos aguantan tan bien el paso a un directo ajeno: son canciones con melodía, con estribillo y con estructura clásica, escritas por alguien que, por muy vanguardista que fuera su discurso, nunca renunció a que la gente pudiera cantarlas. Ese es, al final, el truco de Bowie y la razón de que una banda de A Coruña pueda llenar salas por toda España cincuenta años después: se disfrazó de marciano para colar en la radio unas canciones que eran, en el fondo, tremendamente humanas.

Tienes toda la información y las entradas en la ficha de Blackstars en Sevilla, y el resto de la programación del mes en la agenda de conciertos de Sevilla en septiembre.

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